Borinquen: Un país antes

y otro después de MARIA

Por Carmen Enid Acevedo Betancourt

El camino hacía llegar al Centro Medico de Rio Piedras está matizado por las imágenes que todavía circundan al país a 35 días del azote del huracán María.  El día está soleado.  A las tres de la tarde los colores de la calle van de marrón a verde, según va cobrando vida cada tronco de árbol, cada hoja impactada por el huracán. Un roble amarillo florece.

 

Ahí está todavía mucho tendido eléctrico en el piso, semáforos torcidos como tocineta entre los anaqueles de aluminio del que un día colgaron. Tráfico ordenado y desordenado. Algunos policías dan el transito y otros, descansan celular en mano al otro lado de donde salía el estridente pito de uno como señal de que se puede discurrir.

 

Una larga hilera de autos a la derecha del Hospital Universitario que ubica al fondo da la voz de alarma. ‘Busca estacionamiento donde haya’. A la izquierda del tapón y del Centro Cardiovascular del Caribe, una hilera de más autos estacionados da cuenta de que alguien lo pensó primero.  

 

La caminata hacia el Recinto se da entre personas mirando al piso y otros gesticulando ‘la cosa está mala’. Hoy no puede distinguirse si el trafico se da hacia clínicas habituales de los hospitales que conforman el Centro Medico, donde se agrupan los residentes de medicina para dar con el aprendizaje del sistema. Realidad de pasillos llenos de camillas y unidades de urgencias atestadas entre heridos de bala con huesos rotos y marcas de la violencia doméstica en cuello y rostro. Todos buscan un remedio a su dolor #postMaríaPR.

 

El ruido de las plantas marca el paso hacia el Recinto. Un guardián custodia el diesel y la propia planta.  La bóveda de cristal del pasadizo que cruza del Universitario al Cardiovascular, tiene toldos azules y grises. Ninguno es de FEMA.

 

La furia del huracán también tocó al Centro Médico. En el post María, el servicio de energía llega y se va…está frágil, así como los enfermos en sus instalaciones. Así como pasaron el umbral de la fragilidad los cuerpos inertes que han sacado desde el mismo día del siniestro el 20 de septiembre. El gobierno habla de 51 muertes que se llevó María pero muy cerca de allí, del RCM y del CM, las autoridades del Instituto de Ciencias Forenses dio cuenta de que a partir de María, autorizó 911 cremaciones. El gobierno no quiere a sus muertos, pero todos saben que esos que no tuvieron oxigeno ni pudieron conectarse a la vida por falta de energía, son suyos y solo suyos. A esos, los cargan los vivos de ese gobierno aunque renieguen, aunque pretendan.

 

A la entrada al edificio del RCM hay jóvenes con batas blancas, con uniformes azules, con estetoscopios al cuello. Ya en el segundo piso, al que se accede solo por un ascensor en funciones, hay más jóvenes mezclados con profesores, con empleados administrativos. Las clases en el Recinto se reanudaron. El nudo en la garganta se nota a leguas. El saludo de algunos es ‘todo bien contigo, con tu familia’.  Un tablón de edictos establece claramente que estamos en una emergencia verbal y emocional. Alguien hizo un llamado a publicar allí las frases “post María”. Alguien escribió ¡FUERZA!

En el segundo piso del recinto está el Programa de Gerontología. Un día antes del azote del huracán, Puerto Rico era un país envejecido. Una tercera parte de su población tiene 60 años o más y la tasa de natalidad sigue disminuyendo.

 

 “Hoy lo es más. Los jóvenes se están yendo” ante el caos que vive el país con un alto número de cierre de empresas lo que significa desempleo, entre otras razones. 

 

Ya en un salón de reuniones, cuatro profesores pasaban balance de la experiencia en comunidades después del golpe que dio María al país.  La opinión del catedrático de Gerontología, José Carrión Baralt, psicólogo clínico que coordina esfuerzos con la Oficina de la Procuradora de las Personas de Edad Avanzada, se basa en los números que ha publicado el gobierno de Florida, por ejemplo. 57 mil personas han cruzado el charco después del huracán y en su mayoría están en etapa productiva.

 

Los colores de la escena son variados. Paredes blancas o grises permean el entorno. Con el negro entre su camisa el profesor Ralph Rivera Gutiérrez, ex decano de Salud Pública, hace hincapié en “que esto nunca lo habíamos visualizado en nuestra gestión investigativa; Carrión Baralt, ataviado del marrón con el que se delinea la tierra que se siembra en la Cordillera Central hoy destruida, pone su mirada en “después de esto, tenemos que pensar qué país es el que queremos”, trayendo al análisis que la destrucción de infraestructura y la fragilidad en la que ha quedado la población, sin energía eléctrica ni servicio de agua potable “son muchos años de corrupción y de ineficiencia gubernamental”.

 

El más joven del grupo, Pablo Méndez Lázaro, Coordinador del proyecto Urban Resilience Extreme Events -  trae consigo el color de mahón y polo blanca. “El desastre no lo causó el huracán. Nosotros teníamos ya una población empobrecida, una deuda que no nos permitía renovar la infraestructura por lo tanto esa infraestructura envejecida, tanto para agua como para energía eléctrica, servicios esenciales de cuales nos suplimos. El huracán vino a ponerle la cherry al helado. Y definitivamente cuando vino el huracán pone en evidencia el mal estado de las condiciones de esa infrasestructura. Es lo que se conoce como el Socioecological and tecnological System. Estaba todo relacionado, el sistema social, ecológico y tecnológico. El que nosotros hayamos abandonado la infraestructura que existía lo estamos viendo reflejado ahora”.

 

Fue el vinculo con Islas Vírgenes ante el desastroso paso que dejó el huracán Irma en la semana del 13 de septiembre, lo que convocó a estudiantes y a profesores del RCM a  constituirse como un Comité de Respuesta para ayudar a esas poblaciones. “Organizaciones privadas, sin fines de lucro, pocas agencias de gobierno, organizaciones religiosas se unieron para dar apoyo, generó en un impulso mediático a través de centros de acopio para enviar suministros a las Islas Vírgenes Británicas y estadounidenses”. 

 

Irma salió del Caribe y una semana más tarde, llegaría su hermana María con vientos de 155 millas por hora, entrando por el Este de Pueto Rico y tocando toda la Isla hasta salir por el Oeste.  De ayudar hacia fuera, el grupo del RCM procuraría con urgencia ayudar hacia dentro, hacia ese Puerto Rico que dejó el huracán.

 

“Esos contactos eran de aquí, de personal docente y así nos fuimos convocando hasta tener una red que sale a las comunidades y de alguna manera impacta a quienes lo necesitan”, dice Alonso Amador, con el hincapié que hace una trabajadora social y psicóloga clínica en cómo queda la población tras una experiencia catastrófica, con necesidad de agua, alimentación y la perdida de vida y praxis a sus espaldas.

 

La doctora Alonso Amador viste de claro aunque una pieza negra en el torso la obliga a cubrirse del frio que hace en el Recinto y que contrasta con los 95 grados promedio del Caribe que se cocina fuera de las paredes de la Universidad médica del Estado.

 

“Lo que ha ocurrido nos va a obligar a repensar como nosotros respondemos a las diferentes poblaciones. María nos visibilizó la disparidad. Eso es algo que nosotros no atendemos. Esto tiene ser una tarea de país”, apuntó Alonso Amador sobre el reto que enfrenta el país puertorriqueño ante la catástrofe en que se encuentra hoy.

 

La buena organización del grupo de estudiantes y profesores los llevó a tener una respuesta rápida al otro día del huracán María. Cinco camiones de 43 pies cargados de suministros que irían a saciar la necesidad de personas de esas tierras, fueron descargados en Puerto Rico ante la emergencia del 20 de septiembre.  Al día de hoy,  un 70 porciento de la población en Puerto Rico continúa sin energía eléctrica, un 40 con agua potable y sobre 1,200 puentes están destruidos. Decenas de comunidades aún están incomunicadas en el centro de la Isla.

 

“A mi me sorprende cualquier lugar que voy porque las características son distintas. Hay unas particularidades geográficas naturales que tu las puedes ver tanto en Maunabo, como en Orocovis y en Villalba. Y es sencillamente si tienes pendientes impinadas, con suelos que son susceptibles a deslizamientos y tienes cuerpos de agua cercanos y gente que vive allí esa es la mezcla perfecta para el desastre. No importa por donde salió y entró (el huracán)”. Y es que María salió de la Isla y una semana más tarde, la lluvia copiosa producto de una vaguada volvió a complicar el panorama en esa topografía montañosa y aun en sectores urbanos como Levitown en Toa Baja. Volvieron a caerse más puentes, se inundaron calles y más casas  y los deslizamientos de terreno inhabilitaron el paso por carreteras rurales.

 

Orocovis, Ciales, Barranquitas, Yabucoa y Villalba son las comunidades visitadas por los expertos entrevistados.  Está pendiente llegar a Utuado y a Cayey.

 

“Me parece que el contexto es importante plantear que habíamos hecho estudios con diferentes expertos de visualización de preparación de emergencia y desastres en Puerto Rico, pero hasta donde yo se ninguno de los escenarios que habíamos visualizado, ni nuestro equipo de trabajo aquí ni en el Departamento de Salud, habíamos visualizado un huracán impactando toda la Isla.  Habíamos analizado y mirado las posibilidades de un terremoto catastrófico, pero sería algo extraordinario que un terremoto impacte toda la isla. Pero en términos de entender la realidad puertorriqueña, la falta de preparación, a pesar de múltiples estudios y documentación de necesidades, análisis de vulnerabilidad y riesgo que se han realizado, por un lado que el gobierno no le da seguimiento a esos estudios ni sigue las recomendaciones y segundo, que no se había visualizado una situación tan catastrófica que afectara a cada municipio de esta Isla”, sentenció Rivera Gutiérrez al poner el dedo en la llaga de un tema ampliamente discutido en la Academia. En ella se piensa, se repiensa y se mira al país de cara al futuro con datos y estudios en profundidad y los gobiernos nada o poco hacen con esa fuente de recursos que se cocinan con ‘intelligencia’, experiencia y praxis.

 

La falta de información, de evidencia datos de las necesidades de las diferentes comunidades, de las redes de apoyos, entre otros, han hecho de la situación “la tormenta perfecta”.  La crisis acentuada ha colocado al país en una crisis humanitaria.

 

En términos de los hospitales y la experiencia que ya la Escuela de Salud Pública ha ido documentando, se sigue evidenciando esa crisis humanitaria. Mientras el gobernador Ricardo Rosselló habla de 51 muertos a consecuencia del paso del huracán, siguen desaparecidas 113 personas a partir del 20 de septiembre y una dependencia de gobierno establece que se autorizaron 911 cremaciones desde el día del azote hasta el 28 de octubre. 

 

“Hay situaciones totalmente inaceptables. Que la planta generador (de un hospital) sirva para las áreas comunes y tener pacientes en habitaciones con 95 grados de temperatura y muertes por eso…es totalmente inaceptable. Tiene que haber sistemas (de generación de energía) redundantes en los hospitales, en las comunicaciones. La experiencia de Hugo, Georges (dos huracanes previos, 1989 y 1998), María nos dice que tenemos que tener estándares diferentes y estándares costosos. Hay muchas áreas que se habían hecho estudios, recomendaciones pero no se hizo nada”.

 

 

“El agua es vida. El agua no solamente se trabaja por calidad, sino accesibilidad y disponibilidad y calidad”

 

“Agua, agua”, es el pedido generalizado de los miles de seres humanos que están en los refugios o atrapados en sus comunidades a la hora que ven llegar a un grupo de voluntarios que llevan suministros o acceso a servicios médicos.

 

“De los principales problemas ha sido el agua, es vital. Los teníamos cubiertos hasta los tres cierto punto – un 98 porciento de la población del país antes de María tenían acceso a agua de calidad – con menor o mejor grado pero estaba cubierto. Ahora se ha evidenciado la falta de infraestructura, los problemas de calidad se agudizan; la accesibilidad ya no, porque no tenemos manera de distribuirla porque no hay energía eléctrica”, comentó Méndez Lázaro.

 

La doctora América Facundo llega a la conversación para destacar que en ese renglón del acceso al agua, con los problemas generalizados de energía eléctrica y de recursos para cocinar como es la estufa y el gas, la recomendación del secretario del Departamento de Salud, es “que hiervan agua por 15 minutos. Me parece que es una recomendación que desconoce una premisa fundamental de salud pública. Tienen que proveer formas de limpiar el agua para que la gente no gaste lo que tiene”.

 

La disponibilidad a comida se vio afectada por el no acceso a la Tarjeta de la Familia, por los problemas de comunicación, un sistema que también cayó con el paso del huracán y que todavía ni recupera del todo.

 

“Mi experiencia en tres refugios es que la gente come en el refugio, va a su casa o a lo que ha quedado de ella y regresa al refugio a comer y a dormir”, dijo Alonso. La comida, una de las necesidades básicas, también escasea en Puerto Rico tras el huracán.

 

Lxs voluntarios, desde personas de a pie hasta figuras públicas, en la Isla o en la Diáspora ubicada en Estados Unidos, han organizado envíos y distribución sobretodo a las comunidades aisladas en el interior de la Isla. Utuado, Jayuya, Naranjito, Comerío, Corozal, Barranquitas, Aibonito y Loiza son algunos de los pueblos más visitados.

 

“Los más vulnerables de este país, la gente y los barrios marginados fueron los terriblemente impactados. Porque la construcción de su vivienda y de la infraestructura de esa comunidad estaba muy deteriorada, deficiente ya. Esas son las poblaciones que desproporcionalmente fueron impactadas. Eso es lo que estamos viendo a través de la Isla”.

 

Carrión Baralt: “Una de las cosas que tiene que salir de aquí, es la necesidad que tiene que haber de la participación ciudadana de los proyectos a largo plazo. Como puede ser que hayamos permitido que se construyera un tren fantasma, un Choliseo (Coliseo José Miguel Agrelot), incluso un Centro de Convenciones cuando las protecciones más básicas para la supervivencia y el existir en este país se dejaron descuidar así. Es algo tan repugnante que uno dice esto no puede volver a pasar. Con una decima parte de eso, tu pudieras soterrar la electricidad de todo San Juan – “y evitarte todo eso” – interrumpe  Méndez Lázaro”

 

La periodista deja caer el comentario: “en este momento el gobierno de Puerto Rico, y en medio de esta emergencia, busca traer a las tierras de la antigua base Roosevelt Roads en Ceiba, la sede de Amazon.  Rivera Gutiérrez: “Pero eso Amazon tiene que repensarlo después de esto. Dado todo lo que está pasando al nivel del clima, del planeta, eso es lo que se va a estar viendo. Lo que hemos visto en esta temporada, son más tormentas con las conductas más erráticas, haciendo cosas que antes no se hacían y más poderosas”.

 

“Si se unen los dos factores, cambio climático e infraestructura envejecida. Los huracanes van a seguir viniendo. Los eventos extremos. Las lluvias más intensas no fue en el huracán, fueron las lluvias de la semana pasada (13 de octubre). Donde y cómo nos podemos visualizar en un futuro cercano, cómo nos preparamos ante estos eventos que van a seguir ocurriendo. Adaptación o resiliencia”. Qué tan resilientes podemos ser nosotros ante estos eventos extremos. Lo único que nos queda es adaptarnos y algo tan simple como la infraestructura del tendido eléctrico”.

 

La entrevista termina en una conversación “fuera de record”. Cada uno se sincera sin ataduras. La crisis toca a todxs. Las imágenes vuelven a ser las de la llegada al Recinto. Más tendido eléctrico en el piso. Guardias en las calles. Una linterna en la cartera para alumbrar el camino al estacionamiento. Una fila para comprar comida. Noche como boca e lobo y un poco de agua fría.

 

Ya son 40 días y la crisis humanitaria cobra hoy, otras vidas. #31octubre #PuertoRico2017

Esta crónica es parte de una serie de 24 crónicas que publicaremos cada semana en inglés y español, www.24semanas.org. 

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