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Crónica de una Muerte Anunciada

Tara Rodríguez Besosa

Dos velas me ayudan a ver mi propia escritura. Llegué esta tarde a Puerto Rico, después de tres vuelos cancelados, una semana atorada en la Ciudad Nueva York y muchas cosas de las cuáles hablar.

 

Debido a que existe un toque de queda, nada parece estar abierto después de las 9:00 p.m. La mayoría de las personas están en sus casas después del atardecer, como en los viejos tiempos cuando el sol y las estrellas eran nuestras guías. Está muy callado, incluso durante el día el silencio solamente se interrumpe por el sonido de algunos autos y plantas eléctricas, y gente hablando entre sí.

 

El día de hoy el aeropuerto tuvo electricidad, mucha gente está regresando a casa por primera vez desde María. Esta vez no hubo aplausos, como sucede generalmente al aterrizar; sino un sentimiento de alivio e incertidumbre combinado. ¿Cómo se verá desde arriba? ¿Existe un caos? ¿Estaré triste?

 

Dejé la isla hace un par de semanas para asistir al America’s Latino Eco Festival en Denver, para participar por segundo año. Ahí presenté brevemente un ‘Testimonial’ sobre el reciente logro de esfuerzos alimentarios en Puerto Rico como parte de una congregación de ambientalistas, educadores, sanadores y comunidades. Todos compartimos una conexión a nuestra tierra, la conservación de la cultura y los ecosistemas, pero también del combate a las fronteras, colonizaciones y crímenes ambientales. La directora, Irene, es una mujer de Puerto Rico dedicada a expandir las conexiones entre las culturas indígenas, comunidades latinas y  los esfuerzos de sustentabilidad que son una parte intrínseca del entendimiento de nuestra a veces separada conexión a la naturaleza. Estábamos celebrando un reciente logro en hacia los esfuerzos en Puerto Rico a través de un programa piloto con el Servicio Forestal de los Estados Unidos, producto de casi un año de trabajo, encendido por la reunión de dos almas gemelas queriendo el bienestar de su isla Boricua.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De regreso a casa, paré en la Ciudad de Nueva York para encontrarme con un grupo de cocinerxs y agricultorxs activistas poc/latinx/queer para un intercambio de comida y conocimientos para formar lazos más fuertes entre los proyectos de cada quién. Ahí fue cuando el huracán azotó a Puerto Rico e islas vecinas, y cuando México fue sacudido. La agenda se volvió confusa, las emociones estaban mezcladas, y yo era un desastre. También se agregó una urgencia inmediata a estos intercambios de solidaridad que no había sido planeada. Cuando los sentimientos de impotencia, ansiedad y sentirme fuera de lugar me llegaron, pensé : “¿Por qué no estoy ahí?” Pensé en mi familia escogida, mis colaboradores, mis colegas agricultores en casa y en cómo quería enfrentar la tormenta con ellos, de frente. Por primera vez identifiqué mis sentimientos con aquellos de la diáspora y tenía muy claro que quien fuera que estuviese fuera de Puerto Rico, se sentía lejos. Sin estar en posibilidades de regresar por otra semana, me sentí exiliada, sin control de mi cuerpo, privilegiada de estar en un lugar con agua, comida, internet y electricidad. Y recibí una llamada telefónica. Era Irene, desde Denver. Ella había recibido las noticias y estaba sintiéndose de una manera similar y sabía que no había tiempo que perder. Hablamos por el teléfono y me dijo que había comenzado un Fondo de Resiliencia, uno para los hermanos y hermanas en México y también para los de Puerto Rico. Quería que estos donativos fuesen directamente hacia la comida, agricultores y bosques; entendiendo las implicaciones a largo plazo de estas acciones. Y así sucedió.

 

Mientras estuve en la Ciudad de Nueva York, busqué a otras personas, y la respuesta fue increíble. Los mercados de agricultores están coordinando donativos de comida fresca como apoyo a corto plazo, semilleras non-gmo y fincas alrededor del mundo y los agricultores,  están enviando semillas y herramientas. Los cocineros y entusiastas de la comida están organizando eventos de recolección de fondos, los educadores y ambientalistas también están ofreciendo su conocimiento para los esfuerzos de reconstruir un plan de agricultura sostenible para la isla a mediano y largo plazo. He recibido cientos de correos de personas alrededor del mundo queriendo ayudar, viendo hacia esfuerzos que vayan más allá del “apoyo de emergencia”. “No hay bien que por mal no venga” es una frase que continúo pensando cuando pienso en la polinización cruzada en apoyo de una manera real, descentralizada y genuina.

 

Escribiré un cada semana un poco sobre lo que está sucediendo, hay tanto pasando, que incluso sentarse a escribir y recordar puede ser difícil. Nuestro propio espacio del restaurante estuvo bajo el agua por días, luego fue saqueado, ahora está inoperable. Ha sido una gran pérdida personal, ver a nuestro “bebé” inundarse; pero El Departamento de la Comida siempre ha sido parte de un movimiento, no solamente una cocina. Nuestro enfoque en los próximos meses será concentrarnos en traer a nuestra gente comida de vuelta a sus mesas, y esperar que nos inviten a comer algo.

 

Quisiera terminar esta primera “crónica” con una frase que recibí de ‘Ora of Harvest and Revel’ en Brooklyn; escrita por Octavia Butler en su libro ‘Parábola de Talentos’: “Modela el caos… actúa. Altera la velocidad o dirección del cambio. Varía el campo del cambio. Recombina las semillas del cambio. Transmuta el impacto del cambio. Aprovecha el cambio. Úsalo. Adáptate. Y crece.”

 

Puerto Rico hará justo eso.

Esta crónica es parte de una serie de 24 crónicas que publicaremos cada semana en inglés y español, www.24semanas.org. 

“Vista desde mi Granja en Puerto Rico” Crédito de Imagen: Tara Rodríguez Besosa
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